Antonio Buero Vallejo
Historia de un dramaturgo
comprometido

Antonio Buero Vallejo (Guadalajara, 1916 – Madrid, 2000),
de padre militar y madre "sus labores", como él solía decir,
reconocía haber sido un niño especialmente sensible que
desde muy pequeño se inventaba juegos teatrales,
inspirados por sus lecturas y por las obras que, de la mano
de su padre, pudo ver en Guadalajara, donde recordaba que
pasaron los grandes maestros del teatro de aquella época.

Se interesó por la pintura, la música y el dibujo, cultivó varios géneros literarios, especialmente en los primeros años. Tras la guerra pasó unos largos y duros años de condenas y procesos en prisión. Al recuperar la libertad se dedicó de lleno al teatro.

Quería partir de la tradición para renovarla con su propio lenguaje y un claro compromiso que le valió no pocas trabas, pero también un enorme reconocimiento de público y crítica que le sitúa en la cima de la literatura dramática española con obras como En la ardiente oscuridad, Misión al pueblo desierto, Historia de una escalera, La Fundación, El Tragaluz o Un soñador para el pueblo.

Buero Vallejo se definía a sí mismo como un "soñador con los pies en la tierra", que amó, defendió e hizo teatro como un "comentario individual, social y político del hombre" y nos dejó un enorme legado de dignidad y generosidad y un ejemplo siempre vivo para los jóvenes que empiezan, de todo lo que el teatro puede llegar a conseguir, a dar y a decir.

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